Preguntas de Confesionario

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio.....

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307 son las preguntas que Jesús plantea a todos sus seguidores en los Evangelios.
La lectura de los Evangelios puede, mejor, debería, convertirse en un diálogo con Jesús.
Responder a esas 307 preguntas es la mejor manera de abarcar la total identidad de Jesús, y de apuntarnos al pequeño grupo de sus seguidores.

307 preguntas, no teológicas, no de catecismo, no teóricas, pero sí preguntas existenciales para vivir el día a día imantados y con sentido.

Jesús también admitía preguntas. Sus ministerio, nada magisterial, fue un diálogo con amigos y enemigos que querían

*poner a prueba sus conocimientos bíblicos, ¿Cuál es el primer mandamiento?
*detectar su filiación política, ¿Hay que pagar el impuesto al César?
*saber si hay sexo en el cielo, ¿De quién será marido el hombre que se casó con 7 mujeres?
*para poner al demonio en su lugar. No tentarás al Señor tu Dios.

Evangelios en directo, diálogo abierto y sin censura.
Cada cristiano está llamado a escribir su propio evangelio en este ininterrumpido diálogo con Jesús y sus preguntas.

El ministerio de un cura es vivir en diálogo con sus feligreses.
Hace un par de domingos, terminada la misa, me tropecé con un joven de Filipinas, de manera nada cordial me preguntó: ¿Es usted un cura del Vaticano II?
No vivo en el siglo XVI, no soy de Trento, sí, soy del Concilio Vaticano II. Amigo, no tengo los ojos en el cogote para mirar atrás. Francisco es mi Papa y continúa la hermosa tarea de confrontar a la Iglesia con el Evangelio Eterno que es Jesús. Y recuerda, sólo hay un Papa. Ratzinger es un obispo más.
Con un f… Y.. se marchó malhumorado.

Ayer, septiembre 20, en mi paseo diabético y por primera vez tres jóvenes judíos con yarmulke, traje, sombrero y los dos largos tirabuzones laterales, al estilo mormón, me pararon y me preguntaron sonrientes: Are you Jewish? No soy judío, les contesté.
Me entregaron una tarjetita con The Seven Universal Laws y, con gran convicción, me dijeron como despedida: “The Messiah is coming”.

Los judíos están celebrando sus grandes fiestas: Rosh Hashanah, Yom Kippur y Sukkot. En el Hudson River Parkway el ayuntamiento ha colocado una Suka, una choza, que dice: “Wishing you a Happy Sukkot”. Estos días bandadas de jóvenes judíos recorren la ciudad, se dejan ver y recuerdan a los judíos y a los que parecen judíos que “El Mesías está viniendo”.

Las preguntas que los católicos me hacen hoy tienen poco que ver con la sustancia de la fe y su relación con Jesucristo.
“¿Quién dicen ustedes que soy yo?” nos pregunta Jesús. Nosotros, más preocupados por nosotros que por Jesús, hablamos de nuestros rollos, de nuestras aspiraciones y fracasos o de nada y son pocos los que aún siguen dialogando con Jesús y su eterna pregunta.

Los católicos, como somos poco bíblicos, hablamos del ex-Papa y de Francisco y de la sangre de San Gennaro o del santo del dia y del color de la casulla y de Mr. Coronavairus que es más santo, más conocido y más santificador que cualquier otro.

El Confesionario ya no es lo que era, ahora es un lugar divertido, más que un lugar donde se susurran pecados tradicionales, es el lugar de las preguntas sin respuestas o con respuestas divertidas.

Los curas son más alérgicos al confesionario que los mismos feligreses. Algunos aún no se han sentado en él. La fórmula de la Absolución General ha sido la favorita, no la única, en Pastriz.

Aquí, en NYC, el confesionario está más vivo y las preguntas, no los pecados y pecadillos, de los católicos reflejan la alta tensión que existe en la Iglesia entre lo efímero y lo eterno, entre las pequeñas y folclóricas tradiciones y la Gran Tradición, entre Trento y el Vaticano II, entre las aguas claras del evangelio y las aguas embarradas por los hombres.

He aquí algunas preguntas formuladas en mi confesionario.

¿Es pecado odiar al Papa Francisco?
No puedo aceptar su magisterio. ¿Soy un mal católico?
¿Por qué prohíben la misa en latín? A mí no me interesa entender nada.
¿Puede mi obispo prohibirme la entrada a la iglesia por no estar vacunado?
¿Por qué predica siempre sobre la primera lectura y nunca cita el evangelio?
¿Por qué quieren algunos obispos excomulgar al Presidente Biden?
¿Por qué no niegan la comunión a los que votan a los partidos que aprueban el aborto?

Tengo un feligrés colombiano que se está sumergiendo en la Biblia y me pregunta: ¿San José es real o es personaje de literatura y de ficción?
¿Es pecado no creer en el cambio climático?

Mis respuestas se quedan en el confesionario, producen más alegría que enojo en el penitente y nos despedimos de formas muy variadas.