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¿Ha
pertenecido usted a alguna secta?
A veces
mis feligreses me hacen preguntas maliciosas como las que hacían al Jesús de la
historia sus detractores.
No. Yo
pertenezco a la secta del sentido común.
No
necesito estatuas que unos admiradores y devotos levantan hoy y otros, enemigos
y adversarios, derriban mañana de sus pedestales.
No. Mi
fe no necesita milagros que nada prueban. El Gran Milagro de la Creación me
envuelve y el Creador no necesita ni quitar ni añadir nada. Lo hizo todo bien y
bueno. Ahí termina su acción y sus milagros.
No
necesito Le Panthéon, cementerio tan monumental como innecesario, custodio de
las cenizas des Grands Hommes que dejaron de ser célebres el mismo día que
murieron.
No
necesito Le Panthéon de Bernini.
“Se
abrieron los libros y se abrió otro libro, el de la Vida. Los muertos fueron
juzgados según sus obras, escritas en los libros”. Ap. 20,12
El
Libro de la Vida guardado en el cielo y escrito por el autor de la Vida escapa a
la vigilancia de los hombres y se escribe con una tinta y una letra distinta de
la nuestra. En este libro, sólo en éste, se encuentran los nombres de los santos
que Dios ha canonizado.
Así
como Mirabeau y Marat fueron sacados de Le Panthéon y rebajados de Grands Hommes
a hombres corrientes, Le Panthéon de Bernini, colección de pecadores, unos XLL,
otros L, otros M o S, fueron declarados santos en una segunda edición de sus
vidas revisadas y embellecidas.
En 1969
Pablo VI hizo sitio en Le Panthéon de Bernini sacando a 33 sospechosos. Eran
sólo nombres, como en el teatro los personajes meten sus morcillas, algunos
copistas graciosos habían introducido nombres para mayor piedad del pueblo. Aún
se pueden ver los borrones.
“Ërase
un mendigo llamado LÁZARO, estaba echado en su portal, cubierto de llagas y
hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que LÁZARO murió y fue
llevado por los ángeles al seno de Abrahán”. Lc 16,20-22
Este
LÁZARO, personaje de ficción, invisible y sin Fratelli Nessuno, hoy es venerado
y adorado como santo canonizado en algunos países de América. Colocado en Le
Panthéon de Bernini goza de escayola y corona.
La
piedad popular, atizada por el clero, es capaz de dar culto a nombres sin
contenido y de venerar reliquias más falsas que la dentadura postiza de San
Expedito.
¿Estos
santos que nunca existieron son simplemente borrados del santoral o son
descanonizados?
En el
retablo de Noviercas hay una talla descomunal que representa a San Jerónimo con
una piedra en la mano preparado para golpearse el pecho con un mea maxima culpa
aparentemente sincero. Me metía miedo. Dicen sus biógrafos que, gracias a la
piedra expiatoria, fue canonizado. Si es así, ¿habría que descanonizarlo?
Eloy,
sé que no te lo crees, pero la última pregunta que me ha hecho un feligrés,
metido a teólogo, ha sido: ¿Las canonizaciones de los santos son infalibles?
!Qué atrevimiento!
Le
contesté con una frase de San Agustín: “Si nadie me lo pregunta lo sé, pero si
quiero explicárselo al que me lo pregunta no lo sé”.
El
adjetivo infalible no lo ha pronunciado aún ni lo pronunciará el Papa Francisco.
Conoce bien la historia de la Iglesia y de las infalibilidades que profesábamos
ayer y que hoy han dejado de serlo. Han sido descontinuadas.
En el
siglo XXI, siglo de las velocidades supersónicas, las beatificaciones y las
canonizaciones se han acelerado. Ya no son necesarios los cuatro milagros de
anteayer ni los dos milagros de ayer, hoy están al día las beatificaciones
exprés.
El Gran
Milagro consistirá en introducir en Le Panthéon de Bernini a los muertos sin
gastar un céntimo y sin emborronar una cuartilla.
Hoy se
beatifica a alguno con los jeans puestos y las Nikes calzadas.
Y
Dominique Rey, Obispo de Fréjus-Toulon, quiere canonizar a Anne-Gabrielle Caron,
niña de 8 años que murió de cáncer.
Esta
niña y todas las niñas que mueren a los 8 años son, Señor Obispo, canonizables
sin gastar un euro y sin gastar tinta en un inexistente curriculum vitae.
¿Son
las canonizaciones infalibles?
La
Fiesta de TODOS LOS SANTOS que celebramos el 1 de noviembre, lista sin principio
y sin final, es más infalible que cualquier otra lista, es la lista de Dios, no
la de los hombres, seres humanos y falibles.
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